MAÑANA… SEGURO
Hasta
hace poco solo pensaba en el pasado, incluso me embargaba, sin saber por qué,
un estúpido sentimiento de culpa. Sí. Pensaba en el pasado como la causa del
presente y el futuro, no era más que un presente continuo. No pensaba en un futuro
a medio o largo plazo. Los planes se diseñaban para ya. Quizás era por esa
necesidad de sobrevivir, que siempre aparece cuando vivir es difícil,
complicado, incómodo…
Miro
a mí alrededor y… ciertamente apenas veo cambios. Lo que me hace suponer que lo
que está cambiando está en mí. Y casi puedo decir que eso me hace más ilusión.
Sí, me ilusiona mucho más pensar que soy yo quien está cambiando que el hecho
de que sean las cosas las que cambian. Si yo cambio, las cosas cambian… seguro…
mañana.
Quizás
sea una tontería. Pero me di cuenta del cambio cuando dejó de interesarme la
historia para adentrarme, como un aprendiz de Verne, en el futuro. Hasta hace
poco, me atraía Roma, la Edad Media… leía novelas sobre tiempos pasados…
pensaba que cualquier tiempo pasado era mucho mejor. Dejé de leer esas novelas
y me empecé a interesar por ese posible futuro lleno de tecnología… me gusta la
tecnología, la de ahora y la de mañana… seguro.
Incluso
artísticamente me atrae el futuro. Lo futurista. Me gusta, porque ese interés
por el futuro me hace mirar hacia delante. Me da fuerzas para volver a soñar, a
desear… casi se me había olvidado cómo se hacía. Deseo ese futuro, ese cambio.
Sé que ha de producirse. Mañana… seguro.
Quiero
desplegar nuevas velas para buscar nuevos vientos y conquistar nuevos
horizontes. La felicidad no hay que buscarla, ni encontrarla, ese fue el error.
La felicidad está ahí, en todas partes. En cada latido de nuestro corazón, en
cada bocanada de aire, en cada partícula que va formando la vida. Está ahí para
ser usada ¿Por qué no la usamos? Porque nos negamos a verla. Puedes atrapar
cualquier momento de felicidad, por pequeño que sea, conservarlo, protegerlo,
como se protege la llama de una vela en la oscuridad para que el viento no la
apague. Estoy dispuesto a emprender ese viaje. Hacia delante. Hacia el mañana,
seguro.
Debo
esquivar, obviar, dejar atrás a todos aquellos que me impiden avanzar, no
porque se interponen en mi camino, sino porque se agarran a mí para avanzar a
mi costa. ¡Soltaos! ¿Me oís? Ya no avanzaréis más gracias a mí. No os necesito,
nunca os he necesitado. Sólo aquellos que soplan mis velas, aquellos que me
quitan obstáculos pueden subir a bordo y compartiré con ellos mi felicidad. A
los demás os deseo lo mejor y os pido, de corazón, que me dejéis en paz.


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