Translate

lunes, 23 de noviembre de 2015



MAÑANA… SEGURO
            Hasta hace poco solo pensaba en el pasado, incluso me embargaba, sin saber por qué, un estúpido sentimiento de culpa. Sí. Pensaba en el pasado como la causa del presente y el futuro, no era más que un presente continuo. No pensaba en un futuro a medio o largo plazo. Los planes se diseñaban para ya. Quizás era por esa necesidad de sobrevivir, que siempre aparece cuando vivir es difícil, complicado, incómodo…
            Miro a mí alrededor y… ciertamente apenas veo cambios. Lo que me hace suponer que lo que está cambiando está en mí. Y casi puedo decir que eso me hace más ilusión. Sí, me ilusiona mucho más pensar que soy yo quien está cambiando que el hecho de que sean las cosas las que cambian. Si yo cambio, las cosas cambian… seguro… mañana.
            Quizás sea una tontería. Pero me di cuenta del cambio cuando dejó de interesarme la historia para adentrarme, como un aprendiz de Verne, en el futuro. Hasta hace poco, me atraía Roma, la Edad Media… leía novelas sobre tiempos pasados… pensaba que cualquier tiempo pasado era mucho mejor. Dejé de leer esas novelas y me empecé a interesar por ese posible futuro lleno de tecnología… me gusta la tecnología, la de ahora y la de mañana… seguro.
            Incluso artísticamente me atrae el futuro. Lo futurista. Me gusta, porque ese interés por el futuro me hace mirar hacia delante. Me da fuerzas para volver a soñar, a desear… casi se me había olvidado cómo se hacía. Deseo ese futuro, ese cambio. Sé que ha de producirse. Mañana… seguro.
            Quiero desplegar nuevas velas para buscar nuevos vientos y conquistar nuevos horizontes. La felicidad no hay que buscarla, ni encontrarla, ese fue el error. La felicidad está ahí, en todas partes. En cada latido de nuestro corazón, en cada bocanada de aire, en cada partícula que va formando la vida. Está ahí para ser usada ¿Por qué no la usamos? Porque nos negamos a verla. Puedes atrapar cualquier momento de felicidad, por pequeño que sea, conservarlo, protegerlo, como se protege la llama de una vela en la oscuridad para que el viento no la apague. Estoy dispuesto a emprender ese viaje. Hacia delante. Hacia el mañana, seguro.

            Debo esquivar, obviar, dejar atrás a todos aquellos que me impiden avanzar, no porque se interponen en mi camino, sino porque se agarran a mí para avanzar a mi costa. ¡Soltaos! ¿Me oís? Ya no avanzaréis más gracias a mí. No os necesito, nunca os he necesitado. Sólo aquellos que soplan mis velas, aquellos que me quitan obstáculos pueden subir a bordo y compartiré con ellos mi felicidad. A los demás os deseo lo mejor y os pido, de corazón, que me dejéis en paz.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario